
El chillido no me deja avanzar, mis manos tapan ambos oídos, mis pies pesados tratan de vencer la resistencia.
Caminaba y corría por suelo bien firme, hasta que llegué al charco que se encargaron de ponerme, me siento una principiante al verlo. Olvide todas mis habilidades motoras, olvide quién soy, que quiero. No se para donde mirar, a quien mirar, como mirar…
Es un retroceso, donde caminaba pero de repente volví al andador.
La gente que no estaba vuelve a aparecer, y la que estaba cambió de rumbo como si vivieran en el viejo oeste y jamás formaron parte de una media lágrima.
Aquellas cartas indicaron lo que me pasaría; pero ahora debería saber como atravesarlo...
“Me siento como en esas películas que debès correr para salvar tu propia vida, dejando a los que mas querès morirse de costado”